Memorias de la Luna
- El Doctor Opio

- 5 oct 2021
- 6 min de lectura

Hace unos días, después de una increíble inactividad tanto en mis medios, como cerebralmente, me quedé atrapado por esta pieza.
Es un cuadro que mi hermano menor pintó hace unos años, y no pude evitar sentirme en la misma situación que la persona que se postra en la orilla. Me sentía envuelto sobre un horizonte de sucesos que me hacían ver pequeño en comparación.
Y gracias a esta misma obra, fue por la que pude escribir esto que les estoy a punto de mostrar.
Esta carta es una respuesta que yo mismo me di a una pregunta que formulé: ¿Qué estaba pasando por la cabeza de ese tipo al postrarse a la orilla del risco?
El resultado sin duda fue toda una introspección a mi subconsciente, y un buen paso a enfrentar mis demonios internos. Me gustó bastante y espero que a ustedes también. Dicho esto, les presento Memorias de la Luna, una carta de motivación, pero más que eso, una carta de realización.
El olor de la tierra húmeda es muy agradable, ojalá me hubiera dado más tiempo para ponerme a observar con más detenimiento el entorno donde me encontraba. La vegetación que me rodeaba, el sonido de los insectos en la oscuridad eran una terapia excelente. Pero entre todas, la que se lleva el premio mayor es la Luna.
La Luna se veía majestuosa esa noche. Increíble cómo uno cree tener total control de su vida todo el tiempo, y a pesar de eso siempre se consigue pasar desapercibidos este tipo de momentos. Quizá algo que sucede diariamente deja de sorprendernos a algunos. Tal fue mi caso entonces.
"Todos estos años surcando la Tierra en cosas que uno piensa, son esenciales, y nunca me paré un segundo a apreciar lo bella que eras”, le dije.
Porque a veces es lo que uno necesita. Algo que no se puede comprar, y que es totalmente incondicional a la vida. Porque una mirada a la Luna te llena de amor. Amas al hermoso astro que te observa desde su órbita, atenta a lo que haces. Porque te sientes resguardado, bajo una luz que está para ti todas las noches, y sin embargo no sabes apreciar. Pero eso a ella no le importa. Siempre se encuentra lista para acompañarte, pase lo que pase.
Porque al verla, veo a mis padres. Tan testarudos y tan elocuentes como eran. Veo sus acciones, lo que me hicieron sentir, lo que me dijeron en vida. Todos aquellos sentimientos estrujan mi interior, mastican mi temple.
Pero, no sólo era eso.
No es un sentimiento de odio el que me atormenta, sino de nostalgia.
Porque existían días horribles, pero existían días tranquilos y días extraordinarios también. El tierno brillo que me baña esta noche, me recuerda a mi padre y a mí, viendo películas en la oscuridad de la sala. Esos momentos que parecían petrificados en el tiempo que, de no ser por la película puesta en la pequeña televisión, no sabría con exactitud cuántas horas habían pasado. Parecían tan distantes a lo que después se convertiría. Un villano que no me dirigía la palabra. Alguien que me despreciaba, y sentía vergüenza de mí. Y no sólo eso, sentía vergüenza de sí mismo también. Extrañamente me siento feliz de haber vivido eso.
Porque al ver de nuevo a mi compañera espacial, veo los ojos de mi madre, penetrantes, que me recordaban su completa desaprobación. Vivía de nuevo los gritos, y podía sentir la rabia que emanaban de ellos, pero no sólo eso. Presentía temor.
Un temor que no quería exponer ante mí, y ese temor era el miedo de saber si estaba haciendo lo correcto.
Era el terror de contradecirse, de darse cuenta que sus acciones no eran las correctas al final. Sentía mucho miedo al respecto y, sin embargo, era más el miedo que sentía de no hacerlo. Porque eso vivió con su propia madre, y su madre lo vivió de su propia madre también. Era un bucle, sí. Pero seguía siendo lo único que conocía en su vida. Mi madre también sufría junto conmigo. Y mi padre con nosotros.
Nunca les dirigí una palabra a ninguno de los dos, no tenía el motivo para hacerlo. Ellos jamás quisieron ni tuvieron tiempo para escucharlas.
Apuesto todo a que ellos sentían lo mismo.
Porque el amor nos hace actuar de manera estúpida, y creemos que siempre tenemos la razón. Nuestro amor era así. Infantil.
Y ahora nunca será. Siento la llama lentamente apagarse.
Porque al ver la Luna, ahora me doy cuenta. Me doy cuenta de la verdad.
Porque a ellos nunca les enseñaron a ser padres. ¿Cómo voy a juzgar algo tan indefendible como el no saber? ¿Cómo permití que una actitud tan infantil e inocente afectara de esta manera mi vida? Eran mis padres después de todo. A pesar de no ser lo que yo hubiese querido, estaban quizá dando su máximo esfuerzo. Y no fue suficiente. No fue suficiente para salvar nuestra relación.
Ni yo fui suficiente para soportarlo.
Entonces me encuentro aquí, viendo a la Luna, y lo primero en lo que pienso es en ellos.
Porque yo también quería ser feliz y aceptado, me prometieron la experiencia de la vida. Y también me la quitaron, porque terminé siendo un error de fábrica, algo que se tenía que corregir.
¿Es así como termina la gente como yo? ¿Destruida por la gente que juró protegernos? ¿Apuñalada en la espalda por la gente que nos puso la corona? Sin duda, parece algo muy difícil de lidiar solo. El cubo de agua fría que te echan cuando ves la realidad de las cosas.
Pero, ¿la muerte? ¿Realmente la muerte fue la mejor solución?
Porque ahora es cuando me arrepiento, me arrepiento de haber saltado. Sentir cómo la velocidad del viento golpeaba mi cara, y saborear el agua mientras me ahogo. Sólo para encontrarme de nuevo aquí arriba. Justo donde todo empezó.
Aunque, ya no me encontraba más.
Porque me avergüenzo. Me apena saber que me quité la vida, no porque yo quisiese, sino porque permití que gente que no sabía lo que hacía, la arrancaran de mí. Un berrinche, un tropiezo o quizá la gota que derramó el vaso. Y con esto, después del punto de no retorno, me siento mal. Porque ahora sé, que todo lo que viví fue en vano, y no hubo luz al final del camino para mí.
Porque había todo un mundo qué experimentar, un mundo que estaba ahí para mí todo el tiempo. Y nunca pude verlo. Porque mi sufrimiento era mi centro de atención, y nunca me permití observar nada más que eso. Pensaba que, si demostraba mi dolor al mundo, éste me abrazaría y me cuidaría. Al final sólo conseguí alejarme más de él. Conseguí darles importancia a las cosas equivocadas.
Después de todo, era muy joven para entenderlo. Así como fui muy joven para enfrentar mi propia muerte.
Porque ahora todo lo que tengo es frustración y enojo. Aquí estoy, donde quería estar y no me satisface. Ahora veo todas mis posibilidades, pero sólo pude entenderlas ya que éstas se escaparon de mis manos. Y eso, me pone triste.
Quiero gritar y pelear, pero ya es muy tarde para eso. Obtuve lo que buscaba, ¿y todo para qué? Para ver a mis padres sufrir nuevamente por mi pérdida. Sentir cómo sus almas se atormentan por la culpa, ver cómo esa actitud demandante y autoritaria se desmorona. Pero esto, no me hace feliz, porque sólo me hizo darme cuenta que mis padres me amaban. Detrás de toda esa molestia y vergüenza, había dos personas asustadas, que no entendían qué estaban haciendo y sabían que yo tampoco lo hacía. No sabíamos a dónde íbamos a parar, pero había un entendimiento entre los tres que estábamos yendo juntos.
Ahora ya todo se acabó, por un impulso juvenil. Por un acto de coraje y cobardía. Por una estupidez que no supe expresar cuando pude. Pero no me culpo, así como mis padres, yo tampoco sabía qué hacer, ¿verdad?
Ahora estoy muerto y no soy feliz. Por fin estoy muerto, y todo es peor ahora.
Porque ahora que me vaya, ya no sentiré la suavidad de una cama, ni la compañía de alguien por la tarde. Escuchar una buena canción que me haga sentir bien. Comer mi platillo favorito que mi madre preparaba especialmente para mí. Ver a mi padre al irme a buscar en el auto.
Ya no veré a mis padres más, era justo lo que quería, ¿no? Pero ahora, tampoco podré escuchar los insectos nocturnos, ni apreciar el entorno que se baña con la tenue luz nocturna. La paz que sólo te brinda una noche como esta.
Estoy triste, porque la Luna se ve majestuosa.
Y es una belleza que ya nunca volveré a apreciar.
- Escrito por el Doctor Opio



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